NUESTRA LETRA HABLA POR NOSOTROS
Aquella noche no durmió en casa. Mercedes desesperada le llamó al móvil y no cogía. Sergio era el tema principal de las preocupaciones de su madre pero siempre sabía a que hora llegaría a casa. Esa última semana había estado especialmente raro y su mutismo llegó a ser alarmante. Mercedes es una mujer de 46 años, separada, su única ilusión en este mundo es sacar a delante a sus dos hijos: Sergio de 21 y Ana de 12. Sergio había tenido una infancia muy normal, brillante en el colegio y a pesar de ser tan introvertido siempre estaba rodeado de amigos. Sin embargo, desde hace cuatro años su actitud había ido cambiando de forma negativa, los distintos psicólogos a los que había ido opinaban que la raíz de todo estaba en la separación del matrimonio. Ana no lo había vívido tan intensamente como su hermano, pues era una niña. Le salvaba lo comunicativa que es, de tal forma que cualquier problema que tenía en seguida se la podía ayudar.
Mercedes no dormía por las noches, pensaba en Sergio, como ayudarle. Un día se encontró con Beatriz, una vecina que conoce desde hace muchos años y con la que tiene cierta confianza, le mostró su agobio a modo de desahogo sin pensar que gracias a eso se le daría una solución. “Te parecerá magia pero a mi marido le encontraron una insuficiencia renal mediante la letra. Sí la gente no se lo cree, resulta que hay una empresa de selección de personal y Juan fue allí, uno de los métodos que utilizan para ver sí eres apto o no es mirarte la letra, son grafólogos muy buenos.” Mercedes no había oído nunca hablar de los grafólogos, le parecía algo misterioso pero no sabía que más hacer. Llamó a la empresa y le dijeron que José Miguel y Nati son el matrimonio que fundó esa empresa pero que por problemas de salud de él lo dejaron. La secretaria le informó con todo detalle. “José Miguel Villacampa era médico con especialidad en psiquiatría y su mujer Natividad Aubá aunque estudió filosofía y letras desde muy joven se había interesado por la grafología. Decidieron montar una empresa de selección de personal donde juntando ambos conocimientos hacían verdaderos test y así veían sí eran aptos o no”.

Parecía que allí estaba la solución pero, como siempre, cuanto más cerca estaba de algo que pudiera ayudar a Sergio antes se desvanecía. Ana era una niña muy estudiosa y muy buena, a pesar de sus doce años se percataba de que la situación familiar que estaban viviendo era difícil. Por las noches madre e hija solían ver un rato la tele. Cuando Ana notaba que su madre estaba especialmente triste se recostaba sobre ella y con mucha diplomacia le hacía un sutil cuestionario a su madre hasta que le sacaba toda la información, luego arrancaba una sonrisa de Mercedes y se iba tranquila a su cama donde se ponía ha hacer planes y pensar soluciones. Una mañana Ana se conectó a internet y buscó sesiones de grafología para que su madre asistiera, lo imprimió y lo depositó en la mesilla de noche de Mercedes. Esa noche cuando se iba a acostar vio el papel y le pareció interesante, sabía perfectamente de donde procedía, hizo una selección y lo guardó en su bolso.
Unos día después se encontró con Juan, el marido de la vecina, estaba enterado de la situación y le preguntó sí había encontrado a los Villacampa. Le explicó algunas cosas que Nati le había comentado. “La grafología parece algo extraño, pero por la letra se descubren incluso enfermedades, Nati me dijo que aunque se quiera mentir y ocultar algo es imposible. Sí, cuando una persona escribe más de diez minutos llega un momento en que se cansa y acaba escribiendo sin forzar la letra de tal forma que hasta a un mentiroso se le descubre”. Esto animó a Mercedes pues pensó que sí sometía a su hijo a un estudio grafológico acabarían descubriendo que le pasa para que lleve cuatro años viviendo en un mundo irreal, ajeno a todo y sin motivación por nada.

A la semana acudió a la sesión práctica de grafología que se daba en un centro cultural. Fue algo muy interesante. Al llegar te daban un folio en blanco, pues dicen que es más fácil ver la letra que en uno de cuadros. Tenías que escribir dos o tres párrafos, no importaba el contenido sino escribir bastante. Luego lo recogían y se lo entregaban a la grafóloga. Era una mujer más bien entrada en años, alta y esbelta, con un recogido que agudizaba su elegancia, fumadora seguro ya que su voz era grave, propio de las mujeres que llevan muchos años fumando. En una pizarra que tenía a su derecha iba escribiendo una misma letra de formas diferentes para explicar las cosas más básicas de la grafología. “Por ejemplo la G manifiesta la afectividad y dependiendo de sí la redondeas o la haces picuda, sí es más abierta o menos, sí la escribes sola o la enlazas con la siguiente letra denotará sí eres más o menos afectivo.” Mercedes iba tomando nota de todo para después observar la letra de Sergio. “No sólo nos fijamos en las letras, los márgenes tienen también su importancia, sí te tuerces y hacía donde. Sí dejas, por ejemplo muy poco espacio en el margen izquierdo y el triple de este en el derecho significa que tienes miedo a un futuro cercano y te aferras a hoy, al presente”. Mercedes salió muy contenta pero sin haber podido acercarse a ella para pedirle su número. Otra vez se encontraba sin nada.
Ana los miércoles se quedaba en el colegio a clases de inglés. Antes iba Sergio a buscarla, él salía del conservatorio a esa hora y estaba muy cerca, pero hacía tiempo que había dejado de tocar el piano, ahora prefería tocar la batería con su nuevo grupo de música. Ahora Mercedes se tenía que salir antes del trabajo para ir a buscar a Ana. Ese miércoles coincidió con Asun, la madre de una compañera de clase de Ana que también se quedaba a clases de inglés. Le comentó que su hija iba a clases particulares y que la profesora era una grafóloga. “Te parecerá mentira pero ahora se da bastante, yo me enteré por otra madre del colegio y la verdad es que estoy encantada porque María a empezado a ir bien en los estudios”. Esta vez sí que no iba a dejar pasar la oportunidad.
En cuanto se vio liberada de trabajo llamó al número y explicó su situación. Quien le cogió el teléfono era la hija de la profesora pero le dijo que no había problema, la citó para que fuese un día ella sola, tenía que llevar apuntes de Sergio o algo que él hubiese escrito. Por fin todo empezaba a encarrilarse. Ana estaba muy contenta pues, en cierta medida, había ayudado a su madre y de alguna manera a su hermano. A Sergio casi no lo veía porque nunca estaba en casa y cuando él llegaba era tan tarde que Ana llevaba horas acostada.
Faltaban cinco minutos para que se cumpliera la hora en la que había quedado, se había ido en metro, había salido con tiempo. Estaba en el portal fumándose un cigarro hasta que diera la hora de subir. Antes de salir se acordó de los apuntes de su hijo, fue a su cuarto y sacó de un cajón unas hojas donde ponía “Historia de la Edad Media” y un cuaderno cuyo título era “Donde la razón no llega”, se trataba de una novela que estaba escribiendo. Llamó al timbre y le abrió una chica joven que la pasó a un despacho. Estaba hecha un manojo de nervios. Entonces entro ella, una mujer de edad madura, alta y esbelta, con un recogido. Era la mujer que había visto en la sesión práctica de grafología a la que había acudido. Cuando llevaban un rato de conversación, la habitación ahumada y el cenicero a rebosar de colillas se dio cuenta de que esa mujer era Nati Aubá, la del matrimonio que había montado una empresa y se habían jubilado, por eso no había dado con ellos. Había estado en busca de tres personas que han resultado ser la misma. Le entregó los apuntes y la novela de su hijo, Nati miró detenidamente los papeles mientras apagaba el cigarrillo. Le dijo que lo que veía no era negativo o por lo menos definitivo. Era un chico muy valioso, inquieto y profundo, dado a tragarse sus problemas por no agobiar a los demás. Sin embargo, era muy influenciable y las amistades que frecuentaba ahora no le hacían ningún bien. Le explicó “Su hijo enlaza las letras de la forma más complicada y sin ningún sentido, sí pone la palabra armario lo lógico es escribirlo así: armario, pero hay gente que no enlaza todas las letras de una misma palabra: a-r-ma-ri-o, sin embargo, Sergio lo escribe así: a-rm-a-ri-o, dejando las vocales solas y juntando las dos consonantes”. Mercedes no daba crédito a que un enlace de letras indicara tanto. “Mercedes, esto, junto con todo el texto en general, significa que su hijo está enganchado a las drogas, ese es su problema. No se preocupe, cogiendo el problema de raíz se resuelve todo”. Mercedes estaba aturdida pero contenta, ella había ganado la batalla, su hijo sin saberlo hablaba mediante sus escritos.